Doblan a “El Mayo”; ahora van por funcionarios mexicanos corruptos

Maya García (26/08/2025)
Ismael “El Mayo” Zambada, el histórico líder del Cártel de Sinaloa, uno de los criminales más buscados durante décadas, se declaró culpable en Estados Unidos de dos de los cargos más graves en su contra: empresa criminal continua y conspiración bajo la Ley RICO. Aunque enfrentaba 13 acusaciones, su confesión lo condena a pasar el resto de su vida tras las rejas en una prisión federal estadounidense.
Con 78 años, “El Mayo” parecía haber desafiado el destino que alcanzó a otros capos. Nunca había pisado una cárcel mexicana y durante décadas se mantuvo en la sombra, mientras su socio Joaquín “El Chapo” Guzmán acaparaba titulares. Su captura, el 25 de julio de 2024 en El Paso, Texas, junto a Joaquín Guzmán López, hijo del Chapo, fue el primer signo de que la narrativa del “intocable” comenzaba a desmoronarse. Su confesión lo confirma. El legendario capo que durante medio siglo dirigió una de las organizaciones criminales más poderosas del planeta reconoció los crímenes que lo convirtieron en el capo más buscado en México.
El fiscal Joseph Nocella explicó que los cargos aceptados por Zambada son los más graves. No se trata de delitos aislados, sino del reconocimiento de haber encabezado durante años una maquinaria criminal que traficó cocaína, heroína y fentanilo hacia Estados Unidos. Aunque la ley contempla la pena de muerte, la fiscal Pam Bondi aclaró que, atendiendo los acuerdos con México, esa sanción nunca estuvo sobre la mesa. Aun así, la cadena perpetua es inevitable.
Bondi calificó el caso como una “victoria histórica” para el Departamento de Justicia. “El Mayo pasará el resto de su vida tras las rejas. Morirá en una prisión federal estadounidense, donde pertenece”, afirmó en conferencia de prensa en Nueva York, acompañada por el titular de la DEA, Terry Cole.
La fiscal subrayó que Zambada no sólo organizó el trasiego de toneladas de drogas, sino que protegió su imperio con violencia y corrupción. “Pagó sobornos a funcionarios del Gobierno mexicano y a agentes del orden público para blindar sus operaciones. Controlaba a políticos y policías que protegían sus cargamentos y a sus sicarios”, dijo.
El mensaje de Bondi es a todas luces la revelación de lo que viene. Con la confesión de Zambada, Estados Unidos no sólo apunta al descabezamiento del Cártel de Sinaloa, sino también a sus redes de protección en México. Lo mismo sugirió el jefe de la DEA, Terry Cole, al recordar que la estrategia no se limita a capturar traficantes, sino a quienes hacen posible que operen con impunidad. “Así derrumbamos a García Luna, así atrapamos a ‘El Chapo’, y así seguimos contra Rafael Caro Quintero”, afirmó. Estados Unidos cuenta con un testimonio de primera mano que puede implicar a una red aún más amplia de servidores públicos y políticos en México.
Durante décadas, la figura del “Mayo” estuvo rodeada de misterio. Mientras otros capos caían abatidos o encarcelados, él seguía en libertad, tejiendo alianzas con facciones rivales y extendiendo los tentáculos del Cártel de Sinaloa. Para muchos, representaba el mito del “señor de las montañas”, inalcanzable y protegido por pactos al más alto nivel.
Ese mito se derrumbó en un tribunal de Brooklyn cuando pronunció la palabra “culpable”. Como señaló el fiscal Nocella: “El Cártel de Sinaloa está decapitado”. Sin embargo, los analistas advierten que no significa el fin de la organización, sino el inicio de una nueva etapa de reacomodos y violencia.
Más allá del impacto en la estructura criminal, la confesión de Zambada coloca en el centro de la discusión la relación entre narcotráfico y Estado mexicano. Bondi lo dijo sin rodeos: “El Mayo” operó pagando sobornos y controlando a funcionarios corruptos. La pregunta ahora es qué hará Washington con esa información.
Si los fiscales estadounidenses utilizan su testimonio como hicieron con “El Chapo” o con García Luna, se abre la puerta a nuevos procesos contra políticos, militares y policías mexicanos que durante años fueron parte del engranaje del cártel.
La declaración de culpabilidad de Ismael “El Mayo” Zambada no cierra un capítulo, sino que abre otro aún más incómodo para México.

