Revisión del T-MEC: inicia la pesadilla

Carlos H. Estrada (19/03/2026)
México y Estados Unidos iniciaron formalmente una serie de conversaciones bilaterales rumbo a la revisión del T-MEC, prevista para comenzar el próximo 1 de julio, con el objetivo de analizar medidas que fortalezcan la producción manufacturera y el empleo en la región de América del Norte.
La Secretaría de Economía y la Oficina de la Representación Comercial de Estados Unidos sostuvieron una primera reunión en Washington, donde participaron el titular de Economía, Marcelo Ebrard Casaubón, y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer.
La comunicación oficial destacó que durante el encuentro, ambos funcionarios instruyeron a sus equipos a examinar opciones específicas para incrementar la producción industrial en ambos países, así como generar más empleos en el sector manufacturero, y acordaron analizar mecanismos para limitar el uso de insumos que sean objeto de prácticas comerciales desleales dentro de las cadenas de suministro regionales.
Pero más allá de los comunicados oficiales, la revisión instruida por Trump perfila tensiones, intereses encontrados y una compleja negociación donde México podría enfrentar más presiones que beneficios, pues lo que en un principio luce como una oportunidad para fortalecer la integración regional, en la práctica amenaza con convertirse en un campo minado para la política industrial mexicana.
La economía nacional se ha integrado profundamente a la de su vecino del norte, y 40% de las exportaciones mexicanas contienen insumos estadounidenses y muchos productos cruzan la frontera múltiples veces antes de concluir su proceso productivo. Alterar estas dinámicas sin una estrategia podría afectar la competitividad de sectores clave como el automotriz, el electrónico y el manufacturero en general.
La revisión llega en un momento en que México presume ser el principal socio comercial de Estados Unidos. Sin embargo, ese liderazgo no garantiza una posición de fuerza en la negociación. Por el contrario, podría convertirse en un argumento para exigir mayores compromisos, particularmente en temas sensibles como contenido regional, subsidios y prácticas comerciales.
El discurso de cooperación en seguridad económica también merece una lectura crítica. Detrás de esta frase se esconde la intención estadounidense de reconfigurar las cadenas de suministro para reducir su dependencia de Asia, trasladando parte de esa carga a México, pero bajo condiciones que favorezcan su propia industria.
La ausencia inicial de Canadá en estas conversaciones añade otro elemento de incertidumbre. El carácter trilateral del acuerdo es fundamental, y cualquier negociación bilateral previa puede distorsionar los equilibrios originales del tratado.
Lo que comienza como una revisión técnica podría escalar rápidamente a una renegociación política de alto calibre. México deberá actuar con firmeza, claridad estratégica y visión de largo plazo. De lo contrario, esta revisión no será una oportunidad, sino el inicio de una pesadilla económica.

