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El Premio Nobel de economía 2025, un reconocimiento a la tecnología y a la innovación

Juan Cristóbal Cruz Revueltas

Luego del Premio Nobel de Física 2025 otorgado al desarrollo de la tecnología cuántica, el premio Nobel de economía de este año a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt confirma el acento puesto, al menos desde el año pasado, en las implicaciones del desarrollo tecnológico. Como se puede leer en el anuncio de la Real Academia Sueca de Ciencias, la mitad del premio ha sido para Mokyr “por haber identificado los requisitos previos para un crecimiento sostenido a través del progreso tecnológico” y la otra mitad ha sido conjuntamente para Aghion y Howitt “por la teoría del crecimiento sostenido a través de la destrucción creativa”. Si nos enfocamos en el caso de Aghion, además de ser profesor en la London School of Economics y actual miembro del Colegio de Francia, es también copresidente del Comité de Inteligencia artificial, mismo que pone particular hincapié en el hecho de que la IA debe ser entendida como una revolución tecnológica que no puede ser ignorada. Hace un par de semanas tuve la oportunidad de escuchar a Aghion en un coloquio en el que adoptó una visión relativamente optimista respecto a la IA defendiendo que las empresas que la han adoptado se han vuelto más productivas: el efecto de aumento de la productividad supera aquel del efecto sustitución en el que la IA desplazada a los empleados humanos. Esto último puede ser limitado, según defiende el premio Nobel, si se adoptan las medidas educativas que permitan la readaptación de quienes hayan sufrido la sustitución. Recuérdese a este respecto que su amigo Daron Acemoğlu, premio nobel de economía 2024, ha externado repetidas veces su preocupación respecto a la posibilidad de que la IA pueda devorar amplios recursos financieros para finalmente terminar sustituyendo trabajos realizados por los humanos sin necesariamente mejorar la productividad. Ahora bien, a pesar de su optimismo general respecto al desarrollo de la IA y el manejo de datos, Aghion reconoce un bemol: la fuerte tendencia oligopólica actual que hace que un puñado de empresas están concentrado su desarrollo en todo el mundo.

Más allá de debate sobre la IA, los trabajos premiados prolongan la llamada economía del crecimiento fundada por el premio Nobel de economía 1987, Robert Solow. Siguiendo las conferencias del Colegio de Francia de Aghion, se parte de una evidencia que paradójicamente casi todo el mundo olvida: el crecimiento económico es un fenómeno muy reciente en la historia humana. Si consideramos, por ejemplo, el nivel de riqueza o cantidad de bienes disponibles por una persona en el mundo entre el año del nacimiento de Jesús Cristo y al año 1000, a grandes rasgos no hubo variación. Entre el año 1000 y 1820 sólo hay una muy ligera mejoría. Es sólo entorno a partir de 1820 que aparece un verdadero crecimiento económico en la historia, mismo que de Inglaterra se difunde a Francia, a Estados Unidos y así sucesivamente. Solow concluía que la condición del crecimiento económico sostenido y de la productividad dependen, a fin de cuentas, del progreso técnico.

Lo que no explicaba Solow es el origen mismo del progreso técnico. Por su parte, Aghion nota que el desarrollo que surge en el siglo XIX se vio acompañado con una explosión de la inventividad: en 1802 aparece la locomotora, la fotografía en 1816, el vehículo eléctrico en 1828, la anestesia en 1846, el teléfono en 1876, la lámpara incandescente en 1880… Algo similar sucede en el ámbito de las teorías: la teoría de los números Gauss es publicada en 1801, el modelo atómico John Dalton es propuesto en torno a 1803, la evolución de las especies de Darwin es publicada en 1859, Pasteur pone las bases de la teoría microbiana entorno a 1860. En otras palabras, en el mundo moderno aparecen un conjunto de condiciones favorables: con la Enciclopedia se codifica el saber y se hace más fácil su difusión, el pluralismo de ideas y su circulación son posibles gracias a la tolerancia moderna, así como retrocede el miedo del poder político ante las invenciones. Estos factores institucionales y culturales actúan como condicionantes imprescindibles del cambio tecnológico y de la innovación.

La innovación, que muchos economistas contemporáneos — incluyendo al entorno de Thomas Pikkety- subestiman e incluso omiten, es lo que ha permitido a la humanidad escapar del estancamiento económico y mejorar las condiciones de miles de millones de personas en el mundo. Ahora bien, Aghion reconoce que la innovación no lleva a un proceso lineal ni indoloro, sobre todo que las innovaciones hacen obsoletas las tecnologías pasadas y hacen que aquellos que no navegan sobre la última ola de innovación vean mermada su situación económica frente a los que sí “están trepados en el tren”. Pero, como quizás diría Aghion, a fin de cuentas, ignorar la innovación sólo puede ser el privilegio de los que piensan con mentalidad de rentistas.