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Retrato de la conciencia nacional

Foto: Twitter @LuisaAlcalde

MOISÉS CATEDRAL
El nombramiento de Luisa María Alcalde como titular de la Secretaría de Gobernación suscitó reacciones inmediatas en los principales círculos de opinión pública, y a partir de esas lecturas, ninguna de las cuales le concedió capacidad para manejar ese ministerio, quedó expuesto el cable conductor por el que corre la misoginia en el país.

Más allá de capacidades intelectuales -que en un intento de equilibrar posturas le fue concedido por los sujetos escandalizados-, Alcalde fue menospreciada por dos condiciones específicas: su juventud [35 años] y su condición de mujer. Decido no reproducir las opiniones vertidas los días siguientes al anuncio del presidente López Obrador, para no ser reiterativo sobre lo que, también ya, escribieron ya con mayor autoridad varias feministas.

El tema, sin embargo, sirve para reiterar la grave crisis de conciencia ciudadana que tenemos cuando de mujeres, infantes y personas de la diversidad, se trata.

En más de un sentido, la actual encargada de la política interna dispone de herramientas y recursos individuales y de sistema no solo para neutralizar suspicacias sino para demostrar -el tiempo dirá- capacidades. Pero, aún así, no alcanza para cambiar ideas tan profundamente arraigadas como descalificar a la mujer por su misma condición de mujer.

Pasa con ella y pasa con cualquier ejecutiva de cualquier empresa. Pasa dentro del organigrama laboral, académico, artístico e intelectual. Pasa en nuestras casas y en nuestras calles. Las mujeres irán siempre por detrás de los hombres, o de la idea masculina de su inferioridad, la de ellas y las de todo aquel que no sea adulto heterosexual.

Contamos, por desgracia, con ejemplos al infinito. Una vastedad inagotable de historias denigrantes que se tejen con mujeres sin poder, aunque hemos visto que también en los altos circuitos de la empresa y la esfera pública abundan ejemplos. Tomo un caso reciente como muestra: la cantidad de difamaciones que corrieron tras la desaparición de Sara Analí, en Zapopan.

Ella salió la mañana del 29 de mayo de su casa con rumbo al trabajo. No volvió a saberse nada hasta semana y media más tarde. Reapareció sana y salva. En el ínter, sin embargo, sucedió lo de siempre: la fiscalía dijo que disponían de un video en el que se le ve abordando un autobús hacia Querétaro, sin que se apreciara ninguna coacción.

La familia de Sara Analí se manifestó y la ciudadanía en vez de solidarizarse hicieron eco de la versión que ella se fue “por voluntad propia”. Volvió, por fortuna. Pero su familia ha dejado en claro que la investigación sigue, porque detrás existe un acto criminal.

Diariamente decenas de mujeres jóvenes desaparecen en México. De muchas no vuelve a saberse. Otra decena muere asesinada cada 24 horas y los casos de impunidad rebosan. Miles más sufren en silencio distintas violencias, la descalificación entre ellas. Lo de Luisa María Alcalde no hizo sino volver manifiestamente pública lo que de manera cotidiana sucede.

Este es el retrato de la conciencia nacional.