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Minimís, bazucas y Kalashnikov: El terror cabe en una canción

Foto: Facebook Santa Fe Klan

MOISÉS CATEDRAL

La noche del miércoles 3 de mayo fue asesinado a golpes un hombre de 52 años en la colonia Miravalle, de Guadalajara. El asesinato sucedió poco después de que el rapero Santa Fe Klan filmó en esa misma colonia parte del video con el que promoverá un nuevo lanzamiento musical. Con la ligereza que retrata a buena parte del periodismo de nuestros tiempos, algunos medios no tardaron en relacionar un suceso con el otro. 

No es la primera vez en la que Ángel Jair Quezada -su nombre de pila- aparece en nota roja. En septiembre de 2022 fue arrestado al verse involucrado en una balacera y a finales del mismo año, medios de todo el país dieron vuelo al rumor de un supuesto ataque a tiros sufrido por el padre del rapero. 

Santa Fe Klan forma parte de una legión de autores jóvenes satanizados por su imagen y el contenido de sus letras. La manera en la que él y sus contemporáneos personifican a parte del México actual, el de la violencia desmedida y brutal, ha dado forma a un repudio pocas veces visto, tanto dentro como fuera del mundo farandulero, basado sobre todo en el análisis inmediato y el juicio simplón, que no solo los descalifica como artistas sino que los señala como propagandistas exclusivos del crimen.

La escena del rap mexicano guarda una estrecha relación con la realidad de los últimos 20 años. Si bien nació como expresión marginal en aquellos barrios donde se suscitaban asesinatos a mansalva, irrumpió en el ámbito comercial en menos de una década, con el Cártel de Santa como punta de lanza. Entre ellos y Santa Fe Klan existe una evolución lírica que retrata -y viceversa- la cotidiana realidad de la calle. 

Ángel Jair Quezada tiene 23 años. Nació y creció entre pandillas en un barrio empobrecido de la ciudad de Guanajuato. Paralelamente, en Jalisco y Sonora nacieron Hassan Emilio Kabande Leija, mejor conocido como Peso Pluma; Luis R. Conriquez, Natanael Cano, Raúl Vega o Gabito Ballesteros, los exponentes más reconocidos del corrido tumbado

Foto: Facebook Santa Fe Klan

El mayor de ellos, Luis R. Conriquez, tiene 27 años. Nació en Caborca, un municipio en el que el lenguaje de las armas, la corrupción y ultrajes de la autoridad han sido referente a través de los años, y en donde la misma narrativa del Estado insiste en que en toda la región impera la ley de un cártel. En JGL, una de sus más famosas canciones, Conriquez inicia con líneas inapelables a esa realidad:

Se le extraña demasiado al general en la capital del corrido/La capital es Culiacán y no está sola porque aquí siguen sus hijos/Es el jefe, lo es y lo era/Gira y se para la tierra si Joaquín lo ordena”.

¿Es Conriquez propagandista del narco más allá de lo que hacen los gobiernos de México y Estados Unidos, o los propios medios de comunicación? Mi respuesta es No. 

En 1999, tras la masacre en Columbine, autoridades, políticos, medios masivos y organizaciones ciudadanas apuntaron hacia el músico Marilyn Manson como el gran influenciador de los dos estudiantes que planearon durante un año la matanza. ¿La causa? Ambos eran fanáticos de su música, dijeron. 

“Entiendo porqué me han escogido: es fácil presentar mi cara en televisión porque al fin y al cabo soy la imagen de lo que es el terror. Personifico lo que la gente teme”, dijo Manson en una entrevista con el documentalista Michael Moore. 

Manson, un periodista devenido en músico, desmenuzó la realidad social de los Estados Unidos en unos cuantos segundos. Influida por una política bélica, corrupta e hipócrita; una publicidad segmentada según el color de piel, capacidad económica y género definidos, la sociedad estadounidense simplemente buscó -sin éxito- al sujeto para expiar sus culpas. 

El músico hizo referencia también del mayor bombardeo efectuado por ese país en la guerra de Kosovo, justo el mismo día de la masacre. Ahí murieron miles y se desgarró la vida de millones no por un acto de influencia, sino por una orden directa del presidente. Así que colocarlo a él como origen del mal en un contexto así, era un absurdo. 

Lo que vemos y oímos en el México de hoy, es algo parecido.