Gobernar con deuda: la encrucijada billonaria de la 4T

Carlos H. Estrada (20/10/2025)
El sueño de la “austeridad republicana” terminó hipotecado. La llamada Cuarta Transformación, que prometió acabar con los excesos del pasado y gobernar con cuentas claras y disciplina fiscal, firmó el pagaré más grande en la historia reciente del país paras el gasto del gobierno: más de 2.3 billones de pesos en deuda pública para el 2026.
La administración de Claudia Sheinbaum, en sintonía con el guion que dejó su antecesor, obtuvo autorización para endeudarse hasta por 2 billones 64 mil millones de pesos de manera directa, además de 285 mil millones más a través de Pemex y CFE. Con eso, casi una cuarta parte de los ingresos del gobierno federal provendrá de préstamos. En otras palabras: México vivirá a crédito, pero con el disfraz de responsabilidad fiscal.
El discurso oficial insiste en que no hay de qué preocuparse, que la deuda servirá para mantener los programas sociales y refinanciar pasivos heredados. Lo mismo decían los gobiernos del pasado. El problema es que el endeudamiento viene acompañado de un aumento generalizado de impuestos y contribuciones. Es decir, el gobierno recauda más, pero gasta aún más de lo que tiene.
El resultado es un país que se endeuda mientras presume de soberanía económica. Pemex, la petrolera que no logra levantar cabeza ni con respirador fiscal, recibirá más de 258 mil millones de pesos en nuevos créditos, y la CFE otros 26 mil millones. Ambas empresas, convertidas en símbolos del nacionalismo energético, hoy representan la mayor amenaza para las finanzas públicas. En vez de reformarlas, el gobierno decidió apuntalar sus pérdidas con más deuda, como si llenar un hoyo con otro fuera una estrategia económica viable.
La paradoja es grotesca, y mientras el oficialismo se jacta de no endeudar al país, cada mexicano deberá al cierre de 2026 poco más de 150 mil pesos por concepto de deuda pública, según cálculos de especialistas. La república austera se convirtió en una república hipotecada.
El Congreso, una vez más, actuó como ventanilla de trámites del Ejecutivo. La oposición gritó, advirtió, protestó y perdió. El oficialismo levantó la mano, obediente, para autorizar el mayor endeudamiento en la historia moderna de México.
El resultado es una encrucijada donde el país se adentra en un ciclo de gasto sostenido por deuda, en un contexto internacional incierto y con empresas estatales que sangran recursos. Gobernar con deuda puede dar oxígeno a corto plazo, pero a largo plazo asfixia. La 4T prometió un cambio de régimen y lo que está construyendo, con cifras billonarias, es un nuevo Fobaproa político disfrazado de justicia social.
En nombre del pueblo se está firmando su propio pagaré que financie de paso su permanencia en el poder.

