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Aldo Díaz, el gran corruptor

Carlos H. Estrada (12/05/2025)

En el centro de la corrupción que estrangula al sistema de salud destaca el nombre de Aldo Díaz Pérez. Opera como un fantasma a través de las decenas de empresas proveedoras del gobierno, pero su presencia es tangible en cada rincón donde circulan los contratos millonarios para la compra de medicamentos. Díaz ha logrado consolidarse como uno de los grandes corruptores del sector Salud, operando desde las sombras mediante su red de empresas, sus relaciones políticas y las complicidades burocráticas que le han costado miles de millones al erario.

Logró colocar a un incondicional —Matheo Pinzón Woloski— en un puesto estratégico en la Subsecretaría de Integración y Desarrollo, bajo la tutela de Eduardo Clark. No es un nombramiento inocente. Pinzón, un exempleado de Ethomedical, una de las joyas de la corona de Aldo Díaz en su entramado de compañías, es la evidencia de una deliberada operación para infiltrar el centro neurálgico de la toma de decisiones sobre la política nacional de abasto de medicamentos.

La circunstancia no es menor. Eduardo Clark es el principal operador de la presidenta Claudia Sheinbaum en materia de abasto estratégico de medicamentos, y encabeza una subsecretaría golpeada por los efectos de una fallida política de compras consolidadas. Y en lugar de cerrar filas frente a la corrupción, la dependencia abre sus puertas y cede a los efectos corruptores de un contratista que ha cruzado la línea roja en su relación con el gobierno.

¿Qué le ha permitido a este proveedor infiltrarse hasta las más altas esferas de la autoridad sanitaria? ¿Ingenuidad o complicidad? Esa pregunta define hoy el dilema ético y político de Eduardo Clark.

Las operaciones de las empresas de Aldo Díaz han sido escandalosas. Tan solo dos de sus compañías, entre 2020 y 2024, recibieron más de 760 adjudicaciones directas por parte del feudo de Zoé Robledo, el IMSS, con sobreprecios y contratos a modo por un monto que rebasa los mil millones de pesos.


La red de Aldo Díaz no se limita al IMSS y a su estrecha relación con el director general del instituto. El contratista ha hecho del sistema público de salud un negocio personal, aprovechando la voracidad de funcionarios corruptos y la sospechosa ausencia de Raquel Buenrostro, la flamante secretaría anticorrupción.

La administración Sheinbaum no puede darse el lujo de normalizar el tipo de corrupción que articulan personajes como Aldo Díaz en el sistema de Salud. Porque si el gobierno lo tolera, entonces el verdadero problema no está en el corruptor, sino en una larga lista de funcionarios públicos encabezados por Zoé Robledo y Eduardo Clark.